IX DOMINGO ORDINARIO

En este Domingo de una manera maravillosa las tres lecturas se conjugan para abrirnos a la profundidad del misterio de la Eucaristía; que por ser misterio divino, podemos conocer pero no terminar de comprender, ya que sobrepasa nuestra indigente capacidad humana de contemplación de lo sobrenatural.

natividad del senor

Elías, en la primera lectura, enviado por Dios debe atravesar el desierto, la jornada resultó exhaustiva y sus naturales fuerzas le alcanzaron tan sólo para una jornada de camino (un día entero) al grado de sentir deseos de morir, sin embargo, reconfortado con un misterioso alimento, enviado por Dios, toma tal fuerza que recorre cuarenta días y cuarenta noches hasta encontrarse en el monte Horeb, altura en la que Dios lo esperaba y había citado. San Pablo, junto con los efesios, nos pide imitar a Dios, desterrando de nuestra vida cualquier clase de vicio y, ofreciéndonos como víctimas de agradable aroma. Me pregunto qué será más sencillo: caminar por el desierto, como le pidieron a Elías; o imitar a Dios, como nos pide San Pablo; o creer lo que Jesús nos dice que el que lo coma no muere, sino que vive para siempre. ¿Crees tú esto?

PUES ENTONCES ¿POR QUÉ NO COMULGAS? Y, SI CADA DOMINGO COMULGAS, QUÉ MÁS TE FALTA PARA IMITAR A DIOS EL RESTO DE LA SEMANA: ACEPTA QUE NADA PODEMOS HACER SIN JESÚS; CONFIÉSATE CON ARREPENTIMIENTO Y PRUDENTE FRECUENCIA O SACRIFÍCATE JUNTO CON QUIEN SE TE HA DADO EN ALIMENTO PARA LA ETERNIDAD.

Habrán escuchado que el Papa Francisco ha hablado con certa recurrencia a los nuevos Pelagianismos; pues Pelagio fue un Hereje de tiempos de San Agustín (¡con quien se fue a poner!) que sostenía que bastaban nuestras solas fuerzas naturales para hacer las obras de Dios; o, lo que es lo mismo, para nuestra salvación. Así entonces no necesitaríamos de auxilios divinos para hacer un acto bueno que nos una más con Dios; o, lo que es lo mismo, para ser Santos. ESTABA MUY EQUIVOCADO.

Hoy en día, si no de manera explicita, muchos buenos o, no tan buenos católicos, viven sin necesitar de Dios; creen que con no robar y no matar… ya la hicieron; y ESTAN MUY EQUIVOCADOS. Nosotros hacemos actos bondadosos trascendentes a la vida eterna a manera de Instrumento Racionales en manos de Dios; así, cada acto bueno que “hacemos nosotros“ en realidad los hace Dios a través nuestro (el martillo sin el Carpintero no clava el clavo; el coche sin gasolina no se mueve; nosotros sin la gracia divina nada bueno podemos hacer), Dios es la Causa Eficiente de todo bien o bondad. Efectivamente, cualquiera puede ver que el Instrumento es el que realiza la acción, pero si abrimos la imagen, vemos la Mano que le da la energía y la eficacia.

Bien pues es la Gracia Santificante, que principalmente recibimos por la recepción fructuosa de los Sacramentos, la oración y las mismas Buenas Obras, la que nos proporciona esos especiales auxilios sobrenaturales, como los de Elías en el Desierto, la que nos los proporciona.