VI DOMINGO DE PASCUA

Aparecen este Domingo los sabores de la despedida, especialmente en la lectura evangélica, pues el próximo jueves celebraremos cronológicamente la Ascensión de nuestros Señor Jesucristo a la derecha del Padre, desde donde reina glorioso en cuerpo y alma.

En la primera lectura aparece la acción evangelizadora, efectiva y entusiasta de la que podríamos llamar la siguiente generación de apóstoles. Uno de los siete diáconos, Felipe, logra con la ayuda de Dios, la conversión de los samaritanos y, Pedro y Juan, Apóstoles de la primera guardia, confirman con la efusión espiritual el trabajo pastoral del nuevo equipo evangelizador.

sextodomingo

En la segunda lectura, volvemos a escuchar a San Pedro, cabeza del colegio apostólico, dirigiéndose a todas las generaciones subsiguientes a su ministerio, entre las cuales nos toca el momento actual, como él nos pide, “estar dispuestos siempre a dar razón de la esperanza, con la sencillez y la humildad, así como con el debido respeto y con la conciencia en paz.”; sobre todo poniendo mucha atención a sus palabras: “mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.”

Jesús resucitado nos consuela con sus palabras de aliento; sabe que la hora de la partida ascendente se aproxima, que sus amigos ya no lo verán más presente en su cuerpo resucitado, la contemplación será en adelante en las especies eucarísticas, así como en el cuerpo eclesial, ya que donde dos o tres se reúnan en su nombre Él está ahí en medio de ellos. Sus palabras son tiernas y a la vez firmes: “No los dejaré desamparados…” nos promete otro intercesor (el Espíritu Paráclito) quizás para poder cumplir con su mandamiento y permanecer en su divino amor, en íntima unión con Dios Todopoderoso.

No dejará nunca de llamarme la atención y llenarme de consuelo a la vez las palabras de nuestro ya amado Sumo Pontífice Emérito, Benedicto XVI, pronunciadas el día de su elección papal:

 “DIOS HACE SU LABOR AÚN CON ELEMENTOS INSUFICIENTES”

Todos los Sumos Pontífices nos dicen siempre la verdad, pues en realidad nunca podremos gloriarnos de estar a la altura de la misión terrena encomendada a la Iglesia, de ser luz de este mundo, y, sin embargo, lo llenamos de luz, de amor, de consuelo y de esperanza, porque el Amor Divino completa lo que nuestra limitada condición humana no alcanza.

BENDITO SEA DIOS.

Modesto