4 DOMINGO ORDINARIO

Decía el Santo Obispo de Hipona, San Agustín: “Dame Señor lo que me pides y pídeme lo que quieras”. Esto lo traigo a la mesa de la reflexión, porque las cosas cambian de manera por demás dramática en las lecturas de este Domingo: Desde la primera lectura del profeta Jeremías al rey Josías: “Te harán la guerra, pero no podrán contigo, porque yo estoy a tu lado para salvarte.” Y la turba enardecida que tan sólo hace ocho días aprobaban las palabras de Jesús y admiraban su sabiduría, aquel sábado en la Sinagoga de su pueblo y, unos versículos después le quieren linchar. (A penas se descuida uno y le asaltan los bandidos)

Saben, Dios, en su sabiduría infinita conoce, cada uno de los obstáculos que el enemigo pondrá en el camino de nuestra vida con el fin de derribarnos de nuestra altura, la vida de la gracia santificante, como para distraernos del justo gozo de las bendiciones con las que Dios quiso revestirnos. Por eso, antes, mucho antes de que suceda la batalla, Dios ya nos equipó para poder alcanzar, en Cristo, todas las victorias. Nota, que no nos saca del campo de batalla, nos dio las armas. Prudencialmente, nosotros debemos evitar conflictos de cualquier índole, pero no siempre se puede evitar la colisión. (No me pongo en ocasión de pecado, sin embargo, la tentación llega sin que la pueda advertir)

Quizás por eso, el apóstol San Pablo nos recomienda aspirar a los dones de Dios más excelentes y además nos muestra el camino mejor de todos (lo que nos hace suponer que hay varios, pero uno es el mejor, sin descartar la bondad de los alternos): EL AMOR FRATERNO, es el camino mejor de todos.

Este sublime don de Dios direcciona nuestra existencia a reproducir la imagen viva de Jesucristo nuestro Señor y así a prolongar su presencia santificante y redentora en nuestra actualidad. De este modo, es Él, Cristo, el que actúa sus bondades a través de sus instrumentos racionales, los cristianos de siempre.

Se estarán diciendo: “Médico, cúrate a ti mismo…” y haz los milagros que Cristo hizo en tierra santa, aquí en esta tierra tupida de maizales con sus espigas en flor. (Por cierto, deberíamos sembrar maíz y otros comestibles hasta en los patios residenciales, pues a cómo va, serán el energético de los futuros viajes estelares).

Me pregunto: ¿Por qué nadie es profeta es su tierra?

Y me respondo: Porque no hay suficiente amor entre los hermanos y nos gana la envidia y la rivalidad aparece. La Principal arma con que fuimos diseñados (la Caridad) para ser felices e inundar de felicidad cada familia y, todas las familias, unidas en amor fraterno, inundar de felicidad cada pueblo y así, en amor fraterno, todo el mundo.

No te pierdas la próxima semana a Jesús, del otro lado del mar, formando su equipo de trabajo para salvar al mundo del odio del enemigo del amor.