TERCER DOMINGO DE PASCUA

Debemos de tener presente, que Jesús permaneció apareciéndose a sus apóstoles por un período de cuarenta días a partir de su Resurrección, antes de ascender glorioso a la derecha de su Padre Celestial. Quizás haya sido ese el tiempo más tranquilo y agradable para los amigos de Jesús… Los recuerdos de la Pasión, al tener presente al Resucitado, van desapareciendo y la intranquilidad se va convirtiendo en paz; como Jesús se los había dicho: “La Paz esté con Ustedes”.

El Pasaje evangélico de este Domingo es maravilloso, como todos, por cierto; el que los discípulos de Jesús cuenten con un período de tranquilidad, en nada significa que todo les salga bien, o que en todo resulten exitosos; de hecho, nuestros adiestrados marineros “ No pudieron, EN TODA LA NOCHE, pescar nada; ni un pescadito, ni tironcitos en las redes, cuando menos para que no se aburrieran, NADA; NO PESCARON NADA hasta que JESÚS SE APARECE. Entonces AL SEGUIR SUS INSTRUCCIONES (tiren la redes a la derecha) EL FRUTO DE SU TRABAJO RESULTA MILAGROSAMENTE EFICAZ seguramente en la CALIDAD y la CANTIDAD.

Que bonito hubiera sido quedarnos en el Tabor, sin ir al Calvario; que fantástico hubiera sido que el Resucitado no hubiera ascendido al cielo; que llegara cuando fracasamos en los intentos de superación y todo quedara arreglado, pero… “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” TRES VECES PREGUNTA POR CADA UNA DE NUESTRAS NEGACIONES. Por cierto: “¿LO AMAS EN SERIO?”

¿Amaremos a Jesús, nuestro Dios y Señor, como para dejarnos ceñir a la cruz de cada día en las vicisitudes temporales y seguirlo a la Gloria de la Resurrección Eterna por el camino del Gólgota?

A Pedro, el temperamental Apóstol, columna de la Iglesia Católica, le preguntaron esto antes y después de la Pasión; sus respuestas son ejemplares a las de todos: primero, Yo no te traicionaré; (con muy vergonzosos resultados); después… “SEÑOR TÚ LO SABES TODO, TÚ SABES QUE TE QUIERO” (con un heroico y virtuoso resultado: seguir al Crucificado / Resucitado por su camino de Vida Eterna).

¿Gustas? ¡Vamos, ándale! Sigamos al Crucificado-Resucitado: Nuestro Señor, Jesucristo, al que amamos con todo el corazón… aunque, no sin dolor, así lo tracionemos, seremos apacentados por el Buen Pastor Celstial, por su Vicario en la Tierra, nuestros Obispos, auténticos sucesores de los Apóstoles y por los demás: necesarios colaboradores en la construcción del Reino: Ordenados; Consagrados y Laicos… Vámonos a seguir a Jesús desde HOY hasta la ETERNIDAD.