TERCER DOMINGO DE ADVIENTO


Se deja sentir ya en las lecturas de la Palabra de Dios de este Domingo, el júbilo desbordante de la cercanía de la Navidad. ¡Alégrense! ¡Alégrense! Repite insistente a los filipenses, el Apóstol San Pablo, así como el profeta Sofonías, hasta con sentido autoritario, ordena al pueblo de Israel dar gritos de júbilo, cantar, gozar y regocijarse de todo corazón. Tanto entusiasmo nos despierta el ánimo y nos olvidamos un poco de los pesares y de sus fastidiosas angustias. Parece que el temor desaparece y crece el deseo de la paz; se incrementa la buena voluntad y se nos antoja ser generosos. Es la Navidad que se acerca por una parte, y por otra, la necesidad natural que tenemos de una tregua en nuestra vertiginosa y siempre beligerante vida humana.


NICHOS

Con la tranquilidad de saber que nuestros seres amados descansan en la casa de Dios…..

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